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Autor de fotografía: Geliersanta

Brujería

Por Lucas García
03/12/2018.

Equis me da la cola. Al montarme en su carro el olor a canela es tan fuerte que casi se me salen las lágrimas.

—¿Qué fue? —le pregunto— ¿Usaste de ambientador un cinnamon roll?

Equis me mira solemne y de soslayo. Una voz en mi cabeza me reclama: «¡Ya te fuiste de bocón!».

—¿Tú eres un tipo abierto, Lucas? —pregunta Equis.

—¡Ay, Equis!

—Me refiero a que si toleras otras visiones del mundo…

—Ay, Equis…

—¡Está bien, vale! ¿Tú crees en la magia? Y no me refiero a David Copperfield y todo ese show, sino a las energías poderosas, a eso que desconocemos y que yace detrás de lo que llamamos realidad.

—Mira, Equis, yo sólo preguntaba por lo de la canela, pero más nada, ¿ves?

—La canela activa las energías del dinero. Me estoy asesorando con un maestro al respecto y ésta es la primera parte de una estrategia espiritual.

Y la voz interna chilla «¡Ya está, Lucas! Ahora dile cualquier pistolada de la Vinotinto!», pero yo soy un kamikaze oral y le pregunto cuánto le cobra el maestro por la «asesoría».

—¡Ay, Lucas, eso no puedo decírtelo! Tienes que ver al maestro e incluso antes debemos consultarlo para ver si estás capacitado. Y por ese tonito…

—¿Tonito?

—Apestas a escepticismo…

Cuando llego a la casa la peste es más bien a canela y mi esposa sospecha que la estoy engañando con un bienmesabe. Le digo que Equis me dio el aventón y anda dándole a la especia de mis dolores para atraer la plata.

—¡Deja el invento, García! —dice enfurruñada mi esposa— ¿Equis es el administrador en jefe de la oficina y se está viendo con un brujo para buscar cobres? ¡Esa ficción se la vendes a tu abuela!

Me sumerjo en la noche oscura de calmar a la propia. Me lleva dos horas y, cuando por fin he despejado las dudas en torno a la materia de la que está hecha mi fidelidad, («¡Titanio, mi vida, titanio!») me asalta otra angustia: ¿qué hace un pana con dos títulos universitarios, encargado de los reales con los que me pagan, asesorándose con Mandrake?

Aquello me desvela y a la mañana siguiente salgo a la calle sugestionado. Empiezo a detectar eso que los de marketing llaman un trend. Por ejemplo: en la caseta de los vigilantes hay un altar con manzanas pochas y un bojotico de caramelos. El guachimán me dice que la figura que corona el asunto es San Pedro, patrón  de los que cuidan la puerta.

—Desde que está montado no se ha metido nadie —me informa el hombre.

—¿Y la escopeta? —digo señalando el arma reglamentaria. ¿No asusta más a los malandros?

—Ni está cargada, Sr. García.

Ajá.

En el metro cuento diez collares con azabaches, estampitas y esas cintas de colores que evitan el mal de ojo.

Cuento a diez  personas que antes de atravesar la fachada de su edificio se santiguan.

Cuento veinte por puestos que tienen  el vidrio trasero cubierto con Santa Bárbara, la Virgen de Cobre, Yemayá…

Harry Potter era un achantado. ¿Tú quieres pensamiento mágico? Compra ya un pasaje a Venezuela.

En la oficina me reciben con las declaraciones del presidente Maduro. Lo del apagón es un plan maquiavélico. «La operación Tic Tac».

—¿Perdón? —digo, porque estas cosas antes del primer café descolocan.

Me explican que el nombre viene de un tweet del famoso profeta brasilero Reinaldo Dos Santos.

Me recorre el escalofrío. ¡Otro brujo! ¡Ya cayó también el presidente!

—¿Qué fue, Lucas? Estás como lívido —dice Equis desde su cubículo.

Manosea un collar de cuentas. ¡Dios proteja el cálculo de las prestaciones de fin de año!

—Nos agarró la brujería —farfullo.

Lucas García
(Venezuela, 1973) En 1999 publica Rocanrol, novela ganadora de los premios Reservoir Book (Grijalbo) y Francisco Herrera Luque (Random House Mondadori). Diez años más tarde, Puntocero edita la compilación de cuentos Payback y luego su ...

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